
Después de tanta filosofía interplanetaria diseccionada en el canal —sí, esa donde creemos que un platillo volador es metáfora del alma humana y no un disco con luces— volvimos al santo grial del sci-fi de los 50 🛸. Y claro… la vi otra vez. 49 años después. Porque algunos envejecen; yo reincido.
Y ahí estaba. La invasión. La paranoia. Los discursos solemnes. Y esos alienígenas con trajes tan ajustados que claramente no vinieron por recursos… vinieron por venganza textil 😌👽.
De golpe todo cobra sentido. No era colonización. No era supremacía tecnológica. Era incomodidad cósmica. Intentás dialogar con la humanidad mientras el neopreno espacial te corta la circulación… y bueno, alguien va a disparar primero 🔫✨.
Plot twist delicioso para una década donde la paranoia era religión y el botón nuclear era el rosario ☢️. En ese universo, cualquier cosa que descendiera del cielo no era visita diplomática: era excusa patriótica.
Pero basta de poesía radiactiva. Se viene el análisis. Sin filtro. Sin traje ajustado. Sin anestesia.
Si sos sensible, hidratate. Si no… preparate. Porque a veces el verdadero mensaje no baja del cielo. Aprieta.
El PELADO Investiga.