SUCUBO


Arranquemos fuerte: parejas hechas pedazos, crisis matrimoniales y alguien que piensa que la solución es volar en helicóptero hasta una isla perdida en el mapa para hacer terapia de pareja… y un ambiente que grita “acá alguien no sale vivo”.

Anfitriones con máscaras inquietantes, silencios incómodos y un clima que no promete sanación, promete traumas. Todo parece señalar rituales raros, fuerzas oscuras y algo malvado acechando entre los árboles. ¡Pero NO! Porque en medio de este retiro del amor fallido aparece una chica que no vino a salvar su matrimonio… vino a encontrar a su hermana gemela desaparecida. Y ahí, exactamente ahí, el juego cambia.

Desde la tierra de la perestroika, las mamushkas y Putin, quédate hasta el final de este análisis, porque hay una ESCENA CLAVE que no te va a explicar nada… te va a reacomodar las ideas a los golpes.

Así, con esta premisa, la historia te lleva de la mano y después te empuja por el barranco, mientras el mal muta, se disfraza y se ríe de vos. (Ponele) El PELADO Investiga, les presento: SUCUBO.

LA TRAMA DE LA PELÍCULA
La clave de lo que realmente está pasando se centra en Stacey… o, mejor dicho, en la mujer que creemos que es la protagonista de este bodrio ruso. A diferencia del resto de los participantes, ella no llega a la isla para salvar una relación rota ni para reencontrar la pasión perdida. Tampoco viene a jugar a la terapia de pareja con collares que detectan mentiras. Su objetivo es bastante más concreto y mucho menos romántico: encontrar a su hermana gemela, desaparecida sin dejar rastro.

Mientras las otras parejas se someten a ejercicios emocionales dudosos y a confesiones públicas que nadie pidió, el lugar empieza a mostrar su verdadera cara. Aparecen visiones, comportamientos extraños, desapariciones momentáneas y una sensación constante de que la isla no solo observa, sino que participa activamente del desastre.

Esto deja de ser rápidamente un retiro espiritual fallido. Hay rastros de antiguos habitantes, símbolos arcaicos, rituales encubiertos y una presencia que manipula a todos desde las sombras. La isla no busca sanar vínculos: busca exponer deseos, sacar lo peor de cada uno y cobrarlo caro.

Cuando la protagonista finalmente empieza a unir las piezas, la película —tarde, pero lo hace— revela su carta más importante: la isla está bajo la influencia de un demonio ancestral conocido como el Súcubo. A partir de ese momento, los personajes dejan de ser pacientes emocionales para convertirse en presas. Y la terapia se transforma, oficialmente, en supervivencia.

LA NATURALEZA DE LA PELÍCULA
El dispositivo inicial es simple y prometedor: parejas en crisis, una anfitriona misteriosa, collares que detectan mentiras y una voz en off que promete reconectar el amor perdido en tres días y cinco pruebas. Todo muy científico, muy serio… hasta que nada tiene sentido.

Las pruebas no siguen reglas claras, las consecuencias nunca son consistentes y las dinámicas terapéuticas terminan siendo simples excusas narrativas para generar celos, peleas y escenas de sexo incómodas. El lugar no cura nada, solo amplifica inseguridades, resentimientos y deseos reprimidos.

Cada personaje empieza a ver reflejado aquello que más teme o más desea. Infidelidades que quizás no ocurrieron, versiones alternativas de sus parejas y pulsiones violentas que salen a la superficie. El mensaje es claro: acá no se viene a mejorar, se viene a romperse un poco más.

El corazón simbólico de la película está en el bosque y su laberinto de ramas secas. Un espacio que no responde a la lógica física, sino a la emocional. Allí los personajes se pierden, se cruzan sin explicación y encuentran objetos justo cuando el guion los necesita, porque el destino existe… pero también la conveniencia narrativa.

Los espejos cumplen una función clave: no reflejan la realidad, la deforman. Muestran versiones alternativas, deseos ocultos, traiciones latentes y presencias que no deberían estar ahí. El espejo no revela quién sos, sino quién podrías ser si dejaras de fingir.

La película insiste en una idea bastante pesimista pero clara: el mayor peligro no es el demonio, sino lo que cada uno lleva adentro. El Súcubo no crea nada, solo saca provecho.

CONFLICTOS INTERNOS DE LOS PROTAGONISTAS
En “Súcubo”, el erotismo no es placer, es advertencia. Cada escena sexual está asociada al engaño, la violencia, la manipulación o la suplantación de identidades. Nadie conecta, nadie disfruta realmente y todos terminan pagando algún precio.

El problema es que la reiteración constante de estas escenas termina vaciándolas de impacto. En lugar de construir tensión, se vuelven mecánicas. El sexo deja de ser perturbador y pasa a ser un trámite narrativo, una luz intermitente que dice “acá hay algo oscuro”, por si no había quedado claro las veinte veces anteriores.

El giro más interesante de la película llega cuando se revela que la protagonista no es quien dice ser. Stacey, la que seguimos durante gran parte del film, es en realidad Melissa, su hermana gemela. La verdadera era arqueóloga y etnógrafa, y había llegado a la isla investigando un antiguo culto ligado al demonio.

El diario que Melissa encuentra ordena, al menos en teoría, el caos narrativo. Explica que su hermana descubrió rastros del culto al Súcubo, entendió su funcionamiento y decidió quedarse para enfrentarlo. No por heroísmo, sino por obsesión, culpa y una necesidad casi suicida de llegar hasta el final.

Acá la película roza algo genuinamente interesante: el verdadero motor no es el amor romántico, sino el vínculo entre hermanas, la culpa por una traición pasada y la imposibilidad de dejar ir.

El demonio adopta formas humanas, se alimenta del deseo, manipula emociones y observa a través de los espejos. Es vulnerable solo cuando se ve reflejado, y entonces puede ser destruido por el fuego.

El problema no es la idea, sino el momento. Toda esta información llega cuando la película ya agotó buena parte de su misterio. El culto liderado por la anfitriona resulta más decorativo que amenazante, y su resolución es sorprendentemente rápida para algo que lleva más de un siglo funcionando.

CLÍMAX DE LA PELICULA
El enfrentamiento final vuelve, como todo en la película, al deseo. Para atraer al Súcubo hace falta tentación real, espejos estratégicamente colocados y personajes tomando decisiones bastante cuestionables. Funciona en concepto, tropieza en ejecución.

El sacrificio final libera a las almas atrapadas, incluida Stacey, y deja a Melissa a Olivia y Andy, como supervivientes directos del horror. Pero la película no se va sin su último gesto irónico: un espejo que se quiebra, una mirada sospechosa y la insinuación de que el mal quizás no se fue del todo.

¿QUÉ MENSAJE NOS DEJA?
Si uno hace el esfuerzo de atravesar el laberinto narrativo, las escenas repetidas y los personajes que aparecen y desaparecen como si el guion los hubiera perdido, “Súcubo” intenta dejar un mensaje bastante claro, aunque lo grita con megáfono roto.

El verdadero mal no viene de afuera, viene de adentro. El demonio no obliga, no inventa deseos ni crea resentimientos: observa, tienta y deja que las personas hagan el trabajo sucio solas. El ente no es un villano activo, es un facilitador emocional del desastre.

El problema es que la premisa no cree en matices. Todo deseo es peligroso, toda atracción es sospechosa y toda pulsión termina en violencia, traición o muerte. Si deseás, pagás. Y si no deseás… también.

EPÍLOGO
El cierre intenta ser tranquilizador. El demonio es destruido, las almas se liberan, el culto desaparece y los sobrevivientes se suben al helicóptero con cara de “esto no se lo contamos a nadie”.

Mi calificación para “Súcubo” es un 2 PELADO Investiga

Porque el Súcubo nunca fue solo una entidad sobrenatural. Fue una excusa elegante para decir que el deseo, la culpa y la traición no se queman tan fácil. No importa cuántos rituales hagas ni cuántos espejos rompas: lo que llevás adentro viaja con vos.

Incluso en helicóptero.

ESCENA CLAVE
Hay una escena que resume todo el corazón temático de “Súcubo”: un personaje frente a un espejo ve a otro ocupando su lugar. No un monstruo, no una criatura imposible, sino alguien deseado. Alguien prohibido. Alguien que representa exactamente lo que no debería querer.

Ese es el verdadero terror de la película. No el demonio, ni los rituales, ni los muertos. El horror real es descubrir que, si nadie te viera, si no hubiera consecuencias inmediatas, si el reflejo te lo permitiera… tal vez no haría falta ningún Súcubo para arruinarlo todo.

El demonio no entra a tu vida.
Solo se limita a mostrarte la puerta…
y esperar a que seas vos quien la cruce.

El PELADO Investiga

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