LA SONRISA DEL MAL


En el imaginario italiano existe un pueblo donde todos sus habitantes sonríen. Sonríen demasiado. Sonríen todo el tiempo. Sonríen sin motivo aparente, como si la felicidad fuera obligatoria y no una consecuencia. Nadie sabe bien por qué están felices, pero lo están… o eso fingen muy bien.

Hasta que un día, como suele pasar en estos lugares de ensueño con olor a trampa, llega alguien de afuera. Un tipo roto, fuera de lugar, que sin quererlo le pega una patada al tablero, hace volar las fichas y deja al descubierto que tanta sonrisa junta siempre esconde algo podrido debajo.

Y ahí, en medio de esa felicidad forzada, conocemos a un niñato tímido, acomplejado, raro. Un pibe al que todos quieren abrazar. No porque lo quieran, no porque les importe, sino porque es útil. Porque puede cargar con el dolor ajeno, con la culpa colectiva, con las mochilas emocionales que este pueblo no quiere mirar ni hacerse cargo. Un basurero humano con cara de santo.

Acá no hay milagros. Hay conveniencia. No hay fe. Hay necesidad. Y cuando la necesidad aprieta, la moral se vuelve flexible, la religión se acomoda y un pueblo entero es capaz de sacrificar lo que haga falta con tal de seguir durmiendo tranquilo.

Quédate hasta el final de este análisis porque ahí aparece la escena clave. Esa que no grita, no explica y no perdona. La que te muestra el verdadero rostro de un pueblo que decide, sin culpa y sin testigos, que una vida vale menos que su felicidad permanente.

Así, con esta premisa de muchos abrazos, sonrisas falsas y secretos que mejor que nadie conozca (ponele) El PELADO Investiga, les presento: EL VALLE DE LA SONRISA.


LA TRAMA DE LA PELÍCULA
“El valle de la sonrisa”, también conocida como, “La valle dei sorrisi”, “La sonrisa del mal”, o “The Holy Boy”, es una coproducción italo-eslovena de 2025 dirigida por Paolo Strippoli. Una de esas películas que parecen tranquilas, casi costumbristas, hasta que te das cuenta de que estás atrapado en una secta emocional con aroma a incienso, culpa y traumas mal digeridos.

La premisa abre fuerte y sin anestesia: una madre sola con su bebé, el padre ausente, el llanto del niño, la papilla que no llega a destino… y de repente, sin aviso, la mujer entra en trance, gatea hasta la ventana y se arroja al vacío.

Corte directo a Franco, un hombre adulto, roto, llorando mientras maneja. Llega a Remis para cubrir una suplencia como profesor de educación física. Recién después nos enteramos de que fue judoca, de que dejó algo atrás, y de que carga una culpa que todavía no tiene nombre, pero pesa como una lápida.

El pueblo es raro desde el minuto uno: todos sonríen, todos parecen felices, nadie se queja, nadie discute. Esa felicidad impostada, de folleto turístico maldito, es lo que empieza a inquietar a Franco. Y ahí aparece Matteo.

Matteo es un adolescente con una marca física imposible de ignorar: media ceja blanca, pestañas blancas, un mechón de pelo completamente blanco, delgado. No participa de todas las actividades escolares, tiene privilegios raros, y es observado constantemente por su padre y por el padre Atilio, sacerdote del pueblo. Desde el principio queda claro que Matteo no es un chico más: es un recurso.

Franco empieza a notar conexiones. El padre de joven es el mismo hombre cuya esposa se suicidó al inicio. El niñato parece estar en el centro de todo, aunque nadie lo diga en voz alta. El pueblo sonríe, pero algo supura por debajo.

El quiebre llega cuando Franco, completamente borracho, es llevado por Micaela —la camarera— a un templo en las afueras del pueblo. Allí descubre el ritual: gente haciendo fila, un cuaderno de turnos, una fuente con dinero “a voluntad” y un padre que claramente monetiza a su hijo como si fuera una reliquia viviente.

El ritual es simple y perverso: Matteo abraza a las personas, les absorbe el dolor, la culpa, el trauma. Ellos salen aliviados. Él se queda con todo.

Y a partir de ahí, la película se transforma en otra cosa.

LA NATURALEZA DE LA PELÍCULA
“El valle de la sonrisa” juega a ser muchas cosas a la vez: terror psicológico, drama religioso, fábula moral torcida y película de sectas.

No hay sustos clásicos. El horror acá es conceptual. Es la idea de un pueblo entero que decide anestesiarse emocionalmente usando a un adolescente como contenedor de culpas ajenas. Una comunidad que, en lugar de elaborar el dolor, lo terceriza. Y si ese tercero se rompe, mala suerte.

La película nunca explica si Matteo es un ángel, un demonio, un milagro o una aberración. Y eso no es un error: es una decisión. El verdadero monstruo no es el niñato. El monstruo es el sistema que se construye alrededor de él.

Toda la iconografía religiosa está ahí para ser usada y abusada: capillas, citas bíblicas, rituales de purificación que no purifican nada. El cristianismo como excusa estética para justificar lo injustificable.

CONFLICTOS INTERNOS DE LOS PROTAGONISTAS
Matteo es el corazón trágico de la película. No entiende por qué es distinto. No entiende por qué todos lo necesitan, pero nadie lo quiere de verdad. Cada abrazo lo destruye un poco más. Cada “milagro” lo vacía.

Quiere ser un chico normal. Quiere gustarle a Lorenzo. Quiere practicar judo. Quiere equivocarse. Pero no puede. Porque el pueblo decidió que él no es una persona: es una función.

Su poder no es un don. Es una condena.

Franco carga con la culpa más humana de todas: la culpa de un padre que no supo proteger a su hijo. Un hijo que terminó suicidándose después de ser violentado emocionalmente por su propio padre.

Franco entiende antes que nadie que el dolor no se elimina, se atraviesa. Por eso Matteo no puede entrar del todo en su mente. Porque Franco no quiere olvidar. Quiere recordar, aunque duela.

Mauro es probablemente el personaje más siniestro. No porque grite, no porque golpee, sino porque justifica todo. Para él, Matteo no es un hijo: es un medio. El fin es “sanar al pueblo”. Aunque eso implique destruir a su propio hijo.

Es el fanático sin sotana. El tipo que cree que el sufrimiento ajeno es un precio razonable mientras no sea el suyo.

El padre Atilio, es el complemento perfecto de Mauro. El que pone las citas bíblicas, el que legitima el abuso con palabras sagradas. No le importa Matteo. Le importa el rebaño. Y si el cordero se rompe, se reemplaza.

¿QUÉ MENSAJE NOS DEJA?
La película martilla una idea incómoda: no existe sanación sin responsabilidad. No existe perdón impuesto. No existe redención a costa de otro. Remis es un pueblo que eligió no hacerse cargo. Eligió sonreír. Eligió olvidar. Eligió usar a un chico como esponja emocional colectiva.

Y cuando Matteo deja de abrazar, cuando se rebela, cuando dice “no”, todo se viene abajo. Porque el sistema dependía de su sacrificio constante.

“El valle de la sonrisa” habla de culpa, de fanatismo religioso, de abuso de poder, de egoísmo disfrazado de fe, y de cómo una comunidad entera puede convertirse en victimaria sin mancharse las manos directamente.

EPÍLOGO Y CALIFICACIÓN
El tercer acto es caótico, desprolijo, lleno de ideas buenas mal resueltas. Hay decisiones narrativas discutibles, agujeros de guion evidentes, una intención de terror apocalíptico bíblico, que queda en la nada y un clímax que promete más de lo que entrega.

Mi calificación para “El valle de la sonrisa”, es un 4 PELADO Investiga.

Pero, aun así, la película deja una marca. No por lo que explica, sino por lo que incomoda.

No es una premisa redonda. Es un film áspero. Imperfecto. Ambicioso. Y profundamente incómodo.

ESCENA CLAVE
La escena final en la vieja estación de tren. Matteo está consumido. Su cuerpo ya no puede sostener todo el dolor que absorbió. El pueblo entero habla a través de él, como una mente colmena. Todos dicen lo mismo: “no puedo”.

Franco se acerca. No lo ve como un salvador. No lo ve como un monstruo. Lo ve como lo que es: un chico destruido.

Le dice que lo quiere. No por lo que hizo. Sino por lo que es.

Y ahí está la tragedia final: Matteo no puede soltar a nadie porque nadie quiere volver a cargar con su propio dolor. El pueblo prefiere que él muera antes que sentirse mal otra vez.

Ese es el verdadero horror de “El valle de la sonrisa”. No el poder. No los rituales. No lo sobrenatural.

El horror es descubrir que, puestos a elegir, la gente prefiere un mártir antes que una herida abierta.

Y Remis, el valle de la sonrisa, vuelve a sonreír.

Pero ahora sabemos por qué.

Ficha Técnica
→ Fecha Estreno: 17/09/2025
→ Título: La valle dei sorrisi
→ Duración: 122 minutos
→ País: Italia
→ Dirección: Paolo Strippoli
→ Género: Drama. Terror Psicológico







El PELADO Investiga.

Entradas que pueden interesarte