
¿Y si en vez de convertir a Will en un PowerPoint emocional, lo hubieran dejado ser un héroe?
Paren todo. Rebobinemos Netflix.
Imaginate esto: último episodio. El mal absoluto avanza. Nadie puede frenarlo. Todo está perdido.
Y Will no dice “tengo algo que contarles”.
Will dice “váyanse… yo me quedo”.
Porque eso era Will desde el principio:
el pibe que sufrió,
el que fue poseído,
el que cargó con el horror,
y el que siempre puso a sus amigos primero.
No un discurso.
No una confesión íntima con música sensible de fondo.
No un momento diseñado para quedar bien en redes.
Un sacrificio real.
Incómodo.
Irreversible.
De esos que construyen héroes, no mensajes.
Pero no.
Se eligió no arriesgar eso.
Se eligió una escena segura, correcta, exportable, diseñada para no molestar a nadie.
Porque no se trató del personaje.
Se trató de vender la franquicia.
Y si de paso se usa a una minoría como moneda narrativa, mejor, aunque sea de forma superficial.
Will pudo haber sido el héroe definitivo.
Lo transformaron en un mensaje.
Y cuando la historia se arrodilla ante la agenda,
el monstruo ya ganó.
Si querés ver de qué escena estamos hablando y cómo está construida esa confesión, ya hay un video en el canal donde la analizamos plano por plano.
Arrancá por ese, y después seguimos abriendo el cuerpo de la serie sin anestesia.
El PELADO Investiga
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