
Un detective cansado, indeciso sobre qué hacer con su vida —si volver a su casa y fingir normalidad o seguir persiguiendo sombras— recibe un llamado de una institución psiquiátrica perdida en medio de la nada.
No pide ayuda. No suplica redención. Quiere que sea testigo de una confesión escrita hace años por un interno moribundo. Una historia que promete horror, culpa y revelaciones… y termina siendo un rompecabezas que nadie —ni los personajes, ni el guion, ni el director— parece entender del todo.
Quedate hasta el final de este análisis, porque la escena clave de esta película revela, sin quererlo, la verdadera intención de esta premisa: no asustarte… sino demostrar hasta dónde puede llegar una historia cuando nadie sabe realmente qué está contando.
Así, con esta premisa plagada de flashbacks, un demonio sin nombre ni propósito, un poseso con etiqueta “use y recicle” y un policía que claramente preferiría estar en cualquier otro lugar, pero la narrativa lo retiene contra su voluntad, (ponele) El PELADO Investiga, les presento: IMPURATUS.
LA TRAMA DE LA PELÍCULA
“Impuratus”, o “La Confesión del Diablo”, dirigida por Mike Yurinko (2022), se presenta como terror sobrenatural intenso y termina siendo un collage confuso de clichés reciclados. Daniel Glassman, veterano de la Guerra Civil, atrapado entre la vida y la muerte, internado en un hospital psiquiátrico mientras todos a su alrededor sufren por su mera presencia y una confesión escrita que solo debe ser leída frente a el detective Clayton Douglas, recién retirado de la fuerza.
La película intenta fusionar los clichés más gastados de “El Exorcista” —muebles y camas que se mueven solos, puertas golpeando brutalmente, objetos volando por los aires, levitaciones inexplicables— con la narrativa de flashbacks, al estilo “La isla siniestra” de Martin Scorsese. Todo esto, como si el guion dijera: “Tomemos lo más icónico del terror y hagamos un revoltijo para generar miedo extremo”.
“Impuratus”, a pesar de su nombre solemne en latín, no genera tensión ni miedo; solo confusión. Todo se mueve entre culpa, misterio y secretos mal manejados, dejando la sensación de que nadie supo qué hacer con la historia que tenían en las manos.
CONFLICTOS INTERNOS DE LOS PROTAGONISTAS
Daniel Glassman: el soldado atrapado entre la vida, la muerte y un demonio que nadie sabe para qué está allí. Su conflicto de culpa y redención aparece y desaparece como un fantasma indeciso. Su arco es como un ascensor descompuesto: sube, baja, pero nunca llega a ningún lado. Querés entenderlo, pero la película nunca te da pistas claras.
Clayton Douglas: el detective retirado con un dilema moral sobre su familia y su pasado, que debería conmover o generar tensión. Spoiler: no genera nada. Se pierde entre gruñidos, toses, flashbacks y explicaciones confusas, como un hombre que lleva años intentando cerrar un caso y se encuentra con un guion que no sabe ni adónde va.
Hermana Rose: enfermera, y exorcista (tomen nota) y observadora perpetua del desastre. Se supone que debería preocuparnos, pero su miedo irracional y su rol indefinido la convierten en un accesorio emocional que ni ella misma entiende.
Dr. Heysinger: quiere “cerrar el problema Daniel” porque su prestigio está en juego, usando al detective como intermediario mientras la película intenta disfrazar su negligencia de tensión dramática.
AGUJEROS DE GUION
La confesión mecanografiada: ¿por qué diablos Daniel le dicta a la enfermera Betty Ackerman un texto con frases, palabras y oraciones largas, mesclando silabas, ocultando nombres en letras en mayúscula? Nadie lo sabe, y eso incluye al guion. Cada palabra parece un acertijo sin premio, todos se la toman en serio, bueno menos el detective.
La entidad: aparece, desaparece, salta de cuerpo en cuerpo y, según parece, y enferma quienes están un tiempo expuestos en su presencia. Nadie pregunta cómo ni por qué; simplemente pasa. Daniel parece ser su mascota favorita, el recipiente que contiene todo su poder, o quizás solo un estorbo torturado eternamente. Nadie lo entiende.
En un momento donde el guion, dice que esta escena va a generar intriga y desata el nudo narrativo, el poseído, decide hacer un viaje al pasado de Clayton y recordarle la muerte de su hijo lisiado. La película sugiere que el detective lo asesinó, aunque él insiste en que fue un “accidente”. Claridad narrativa: cero, y nos deja una pregunta, que nunca tendrá respuesta: ¿fue realmente culpa de Clayton o solo manipulación de la entidad dentro de Daniel? Nadie lo sabe, y nadie se molesta en explicarlo.
El origen del demonio: nadie explica nada. La madre de Elsie, la mujer que cuidó a Daniel junto a su esposo Gabe, entra al bosque y, supuestamente, algo la posee. ¿Para qué? ¿Por qué? Todo queda flotando en el aire. La película sugiere misterio y terror, pero no entrega nada concreto. Es como prometer una fiesta y servir aire con condimento de confusión.
El suicidio final: Clayton, luego de dispararle dos veces a Daniel, queda obviamente poseso por la entidad. Como si nada, hace el trayecto a su casa caminando en lugar de ir en auto, llega a la habitación de su hija y se suicida. Y aquí llega otra pregunta que tampoco tendrá respuesta: ¿por qué el espíritu, que normalmente toma el cuerpo del recipiente al morir, no entra en la niña? Oh, sorpresa: vuelve a Daniel. Nadie pregunta cómo ni por qué. Nada lo explica. Nadie se molesta en cerrar el círculo. Todo queda flotando, como la película misma: un collage de decisiones sin sentido y de “sustos” que no asustan.
¿QUÉ MENSAJE NOS DEJA?
Confusión, incoherencia, frustración y un profundo arrepentimiento por haber invertido tiempo en verla. Si la película pudiera hablar, nos gritaría: “no teníamos ni idea de qué hacer con esta historia”. Cada flashback, cada grito y cada escena sin sentido parece un recordatorio de los 10 años que el director tardó en convertir este desastre en una película. Y, como toque final de crueldad, nos hace sentir culpables por perder dos horas de nuestra vida que jamás recuperaremos.
EPÍLOGO Y CALIFICACIÓN
La película termina, y uno se queda con la misma sensación que al despertar de una pesadilla… pero sin sentido. Intentó ser terror psicológico y terminó en un caos sobrenatural, confuso, tedioso y sin ritmo.
Mi calificación para “Impuratus” es un 1 PELADO Investiga
ESCENA CLAVE
Regresamos a la institución psiquiátrica. Daniel, ya sin el maquillaje demoníaco, yace en el suelo. Contra toda lógica, sigue con vida después de recibir dos disparos. Conviene prestar atención: una sombra cubre su cuerpo mientras él murmura que el detective le ha vencido, o sea a la entidad… aunque también asegura que el, Daniel, siempre ganara una y otra vez.
La premisa sugiere —o al menos eso parece— que Daniel se sacrifica al mantener al demonio dentro de sí para evitar que dañe a otros. Pero también podría interpretarse lo contrario: que la entidad actúa según su propia voluntad y que su único objetivo es hacer sufrir a Daniel. El guion nunca lo aclara, y esa ambigüedad no parece deliberada, sino producto de una falta de definición.
En otra escena igual de desconcertante, la hermana Rose, a quien todos creíamos muerta tras la explosión sobrenatural causada por la entidad en el cuerpo de Daniel, reaparece con vida. Está allí, en el suelo, lo observa y le dice: “Está bien, Daniel. Déjalo ir”. Mientras tanto, el poseído —con la mirada enrojecida y en primer plano— cierra los ojos. Fin. Un cierre que, en realidad, no cierra nada.
Esta secuencia resume perfectamente “Impuratus”: una película incoherente, plagada de agujeros de guion desde el inicio hasta el final. Da la impresión de que el papel a Tom Sizemore, como el Detective Clayton Douglas, le fue otorgado más por compasión que por una verdadera apuesta narrativa. El resultado es un film desarticulado, incapaz de sostener su propia lógica dramática. En definitiva, “Impuratus”, es una… BASURA CINEMATOGRAFICA.
El PELADO Investiga.