EL EXORCISTA vs SEYTAN


Miren bien ese rostro angelical… sí, parece una niñata dulce, pero no se engañen: detrás de esos ojos inocentes se esconde un demonio con gusto por las artes escénicas más desagradables: golpes estratégicos en las partes íntimas, gruñir como perro carroñero, orina de color verde, vómitos grises, practica el boxeo satánico y tiene una devoción ferviente hacia un Pazuzu turco, confeccionado en papel y engrudo, pintado con témpera como quien hace manualidades en la escuela dominical del horror.

Así, con esta premisa que descaradamente hurta fotograma por fotograma —un plagio sin vergüenza y de ambición desmedida— les traigo un análisis minucioso de la joya turca de los ’70 que se atreve a robar sin contemplaciones del clásico de culto de William Friedkin. Ha llegado al canal la pesadilla que todos temían, la protagonista de la contienda de hoy en El PELADO Investiga, les presento: El Exorcista vs Seytan.

Prepárate para una peregrinación de 36 momentos donde la creatividad fue reemplazada por el calco, donde la tensión se convierte en torpeza, y donde lo demoníaco da más risa que miedo. Una travesía donde las decisiones estéticas parecen castigos divinos y los efectos especiales harían llorar a cualquier reproductor de VHS.


EL EXORCISTA, SECUENCIA 1
La película inicia con una atmósfera árida y cargada, donde Merrin, en pleno trabajo arqueológico, descubre el ídolo de Pazuzu. El hallazgo se siente como una señal ominosa, un objeto que irrumpe desde el pasado con una presencia inquietante. Con este gesto silencioso queda abierta la puerta a la fuerza demoníaca que dominará el relato.

SEYTAN, PLAGIO 1
El Imán —nuestro exorcista versión turca— se encuentra con un ídolo de Pazuzu, o con algo que intenta representarlo después de haber sido olvidado medio enterrado en un montículo de arena. La cámara lo presenta como si fuera un descubrimiento arqueológico crucial, pero el resultado visual da más “souvenir de bazar” que “artefacto demoníaco milenario”.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 2
En una imagen profundamente simbólica, Merrin queda frente a frente con la figura de Pazuzu. La postura del sacerdote, la luz y el ambiente desértico construyen un duelo visual anticipado, un primer enfrentamiento espiritual entre el hombre y el demonio que lo marcará todo.

SEYTAN, PLAGIO 2
La escena que debería generar escalofríos en Seytan termina provocando otra cosa: vergüenza ajena. El “Pazuzu turco” aparece en cuadro con toda la majestad de un trabajo práctico escolar hecho con papel, engrudo y témpera. Es una pieza digna del sector de manualidades de un jardín de infantes, pero filmada con una seriedad que roza lo poético… si lo poético se hubiera rendido hace rato.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 3
La narrativa salta a Georgetown y presenta una serie de momentos cotidianos que funcionan como presagios: ruidos en el ático, la niña durmiendo destapada, la ventana abierta y el frío en la habitación. La madre lo atribuye a algo doméstico y pide al encargado colocar trampas para ratas, dejando claro que aún no sospecha nada sobrenatural.

SEYTAN, PLAGIO 3
La protagonista está acostada leyendo un libro cuando escucha ruidos extraños. El uso del zoom es tan excesivo que parece que la cámara también está nerviosa. Cierra la ventana de la habitación de su hija, la cubre con una manta y los ruidos continúan, como si alguien hubiera decidido practicar fútbol con el juego de cacerolas en la cocina. Al día siguiente, le pide al encargado que coloque trampas para roedores, sin tener la más mínima sospecha de la que se le viene encima. Una tormenta sobrenatural… o eso intenta sugerir la película (ponéle)

EL EXORCISTA, SECUENCIA 4
En la película, observamos una relación empática entre madre e hija, marcada por la cercanía, la ternura y un vínculo que será puesto a prueba durante la posesión. Es la base emocional del conflicto.

SEYTAN, PLAGIO 4
La misma situación aparece en la versión turca, solo que forzada, con diálogos tan dulces que parece que todos están a punto de pedir un turno con un endocrinólogo. Entre caricias verbales y sonrisas impostadas, la madre le toma examen a la niña y hasta le hace repetir las tablas de multiplicar, porque nada dice “terror” como un repaso escolar innecesario.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 5
Paralelamente, se muestra la vida personal de Karras: visita a su madre, que vive sola, evidenciando su culpa y su sensación de abandono hacia ella.

SEYTAN, PLAGIO 5
En esta versión no tenemos un padre Karras sacerdote, claro que no: en su lugar aparece Tugrul, un psicólogo y escritor que asume el rol de “joven atormentado”, aunque sin sotana y con bastante menos carisma. Igual que en El Exorcista, también visita a su madre, que vive sola, en un intento evidente de recrear ese peso emocional…

EL EXORCISTA, SECUENCIA 6
A nivel doméstico, la madre encuentra el tablero Ouija. Ella comenta que “se juega de a dos”. Regan revela que habla con Capitán Howdy, su supuesto amigo invisible. Aquí se siembra el primer contacto con lo desconocido.

SEYTAN, PLAGIO 6
En esta versión, es la madre quien decide introducir a la niña en el juego de la Ouija, con la misma naturalidad con la que uno le enseñaría a un chico a jugar parchís. El tablero, por cierto, es extrañísimo; quizá así son las Ouijas en Turquía, o quizá simplemente agarraron el primer pedazo de cartón que parecía un abecedario en la utilería. La niña asegura que habla con “Capitán Lersen”, un nombre que deja en claro que, incluso en el mundo demoníaco, los espíritus pueden tener gusto por aventuras marítimas familiares.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 7
Regan, en su inocencia, le pide a su madre que invite a su amigo, el director de cine, a su fiesta de cumpleaños.

SEYTAN, PLAGIO 7
Se repite la escena en su totalidad. Ni un milímetro de creatividad agregado.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 8
La tensión familiar aparece cuando la madre discute por teléfono con su ex esposo porque no llamó a Regan por su cumpleaños. La niña escucha la conversación, cargando de tristeza una escena doméstica muy real.

SEYTAN, PLAGIO 8
Otra vez, la escena aparece calcada 100%. Ya es un patrón.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 9
Regan comienza a mostrar comportamientos extraños: aparece acostada en la cama de su madre, explicando que la suya “se movía”. Es uno de los primeros indicios físicos del fenómeno paranormal.

SEYTAN, PLAGIO 9
Y nuevamente, se repite al milímetro. A esta altura, la película parece más un ejercicio de calcar que de filmar.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 10
Ante nuevos ruidos en el ático, la madre sube a investigar. Lleva una vela en un candelabro, que estalla de repente, aumentando la tensión. El encargado aparece detrás en la escalera, completando el momento de sobresalto.

SEYTAN, PLAGIO 10
Aquí también tenemos copia directa, calco 100%, con un único “toque original”: en lugar de las trampas para ratas, la protagonista descubre un ejemplar del libro “Seytan”. Y para marcar la tensión como si fuera un hito apocalíptico, una vela explota con toda la sutileza de un petardo en un velorio.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 11
La situación de Karras empeora cuando su tío interno a su madre. En el hospital psiquiátrico, los internos se abalanzan sobre él. Luego, Karras y su tío discuten la decisión, cargando el ambiente de culpa y frustración.

SEYTAN, PLAGIO 11
Todo es exactamente igual, como si la creatividad hubiera decidido tomarse unas vacaciones largas en Turquía.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 12
Durante el cumpleaños de la niña, el padre Dyer toca el piano, animando a los invitados. Regan se presenta en la sala, con mirada perdida, y se orina frente a todos. Después, la madre la baña y la empleada limpia la alfombra. Más tarde, la niña grita, la cama se mueve, y su madre se arroja sobre ella para contenerla.

SEYTAN, PLAGIO 12
Aquí hay un cambio: el que toca el piano es el amigo de la madre, Ekrem. Gul, la niñata turca, no se presenta elegantemente en la sala; en vez de eso, se mea en la escalera, y para no perder la tradición de lo grotesco, lo hace de color verde.
Luego tenemos a la madre bañándola y a la empleada limpiando la meada. Más adelante, madre e hija saltan juntas en la cama, supuestamente intentando sostenerla… una escena que pretende ser dramática, pero más bien parece un ensayo de acrobacia doméstica.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 13
Karras aparece bebiendo, abrumado por la muerte de su madre y su sentimiento de culpa. El padre Dyer lo consuela, reforzando la amistad entre ambos.

SEYTAN, PLAGIO 13
La misma escena se repite calcada 100%, salvo que el que consuela a Tugrul es su tío, porque nada dice “plagio creativo” como cambiar un personaje menor y pensar que ya es diferente.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 14
Karras sueña con su madre: la ve salir de la boca de entrada del metro, él le extiende la mano para que lo vea, pero ella solo implora ayuda. Él corre frenéticamente, gritándole, mientras ella desciende las escaleras del metro sin escucharlo.

SEYTAN, PLAGIO 14
Se repite la misma escena, solo que la ciudad de El Exorcista se reemplaza por el campo turco, donde la madre de Tugrul pasea mientras él la llama y corre como si estuviera a punto de perder el bus. Menos drama urbano, más paseíto rural con prisa existencial.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 15
Regan forcejea con enfermeros mientras le aplican jeringas. Escupe a un médico. El diagnóstico preliminar sugiere alteración en la actividad químico-eléctrica cerebral y explican que esos espasmos podrían haber provocado que su cama se sacudiera.

SEYTAN, PLAGIO 15
La secuencia de tratamientos se repite, pero aquí la versión turca es más visceral, especialmente cuando le aplican la inyección, vean de qué modo la pinchan con la aguja. Mismo diagnóstico, misma explicación de por qué la niña rebota en la cama… solo que ahora con una pizca de sadismo añadido.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 16
Se suceden tratamientos y estudios. Observan placas en un negatoscopio. Los médicos acuden a la casa ante una urgencia: Regan se sacude violentamente en la cama, se le infla la barbilla, los ojos se ponen blancos y al médico lo arroja con un golpe. Luego induce al otro médico a un acto sexual, exponiéndose obscenamente. Tras un brutal ataque histérico, la reducen con una inyección. Pese a todo, los resultados siguen siendo normales. La madre estalla y pide explicaciones. Los médicos sugieren un psiquiatra.

SEYTAN, PLAGIO 16
Se eliminó la parte donde la niña incita a uno de los médicos a tener relaciones con ella. Importante detalle. Atención a la novedad: los médicos, observan las placas en un negatoscopio tamaño IMAX turco. Todo lo demás se mantiene idéntico, como si la intención fuera hacer una copia milimétrica sin los excesos más incómodos.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 17
Al regresar a casa, la madre encuentra un tumulto de gente y policías. La ventana de la habitación de Regan está abierta de par en par. Un amigo le informa que Burke ha muerto, cayó por las escaleras y se fracturó el cuello.

SEYTAN, PLAGIO 17
Todo se repite, solo que la diferencia notable es que aquí muestran el cuerpo sin vida de Ekrem, amigo de la madre de Gul, con la cabeza girada hacia atrás. Un toque de gore explícito que El Exorcista —con más mesura— decidió omitir.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 18
Un psiquiatra intenta hipnotizarla, hablando con ella y con “Capitán Howdy”. Regan reacciona violentamente y le aprieta los testículos, tirándolo al piso.

SEYTAN, PLAGIO 18
En la escena de la hipnosis: el psiquiatra intenta interrogar a Gul y contactar al “Capitán Lersen”, mientras ambos supuestamente están hipnotizados. La niña se inclina hacia adelante y le propina un puñetazo en las bolas al psiquiatra.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 19
Mientras Karras corre, es abordado por el teniente de policía. Le pregunta si conocía a Burke y si sabía de su muerte. Menciona la profanación de la imagen de la Virgen y especula sobre brujería, misa negra y la posición en que encontraron el cuerpo: cabeza dada vuelta hacia atrás.

SEYTAN, PLAGIO 19
Todo igual, con la única diferencia de que le mencionan a Tugrul su libro y la relación que podría tener con la muerte de Ekrem. La escena de la profanación de la imagen de la Virgen queda eliminada.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 20
En una reunión en la fundación médica, la madre escucha todo tipo de conjeturas científicas. Se sugiere realizarle una terapia de choque. El médico le pregunta si tienen alguna creencia religiosa y si sabe lo que es un exorcismo, no como ritual, sino como fenómeno de sugestión.

SEYTAN, PLAGIO 20
La secuencia se mantiene, pero el punto culminante de la “innovación” llega con el tratamiento experimental: “terapia de choque”. Gul yace con una gasa entre los dientes, como si fuera un sacrificio ritual improvisado en un museo de torturas baratas, mientras dos pistones le sacuden la cabeza como si fueran juguetes de laboratorio mal calibrados. Una mezcla de horror, ciencia ficción de garaje y sadismo doméstico que haría que cualquier paciente atrapado en un experimento casero pidiera hablar con recursos humanos del más allá.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 21
El policía examina la escalinata donde falleció Burke y encuentra un pequeño muñeco de plastilina como los que hacía Regan. Luego visita la casa y habla con la madre, insinuando que Regan, enferma, pudo haberlo empujado. Encuentra otros muñecos mientras recorre la casa.

SEYTAN, PLAGIO 21
En Seytan, la escena se repite, solo que ahora se hace mención al libro que escribiera Tugrul.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 22
Tras irse el policía, la madre oye a su hija hablar con alguien: una voz pide “por favor” y otra responde “que lo haga”. Sube corriendo y encuentra un pandemónium: objetos volando, y Regan lastimándose con un crucifijo que no debería estar allí.

Regan fuerza el rostro de su madre hacia su vagina ensangrentada y luego la golpea arrojándola contra la ventana. La niñera intenta entrar, pero un sillón bloquea la puerta y una cómoda se mueve para aplastarla. Sentada en la cama, Regan gira su cabeza 180 grados mientras sostiene el crucifijo.

SEYTAN, PLAGIO 22
Luego, la secuencia se mantiene hasta que la niña grita, su madre sube las escaleras y hace el clásico acto de profanación: un abrecartas con figura demoníaca en la vagina, copia literal del crucifijo de Regan. El toque “profano” aquí gana terreno, pero no hay sutileza ni misterio: solo exageración en estado puro. La versión turca incluso elimina la escena más controversial de El Exorcista, donde la niña obliga a su madre acercar el rostro a su vagina ensangrentada.

El forcejeo que sigue se transforma en comedia involuntaria: empujones, risas grotescas, miradas de loca histérica. El giro de cabeza de Gul es… curioso: parece que la niña gira sin mostrar el cuerpo del muñeco, un truco de bajo presupuesto que, contra todo pronóstico, funciona. Pero, claro, no roba protagonismo a la escena icónica de El Exorcista.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 23
Chris se reúne con Karras. Tras hablar, ella insinúa la posibilidad de un exorcismo. Él intenta disuadirla, pero la actuación de Chris transmite todo el dolor y desesperación de una madre al límite.

SEYTAN, PLAGIO 23
En la misma secuencia, encontramos algunas diferencias de protocolo turco: Karras es psiquiatra y Tugrul psicólogo. Entre frases que deberían impresionar, el joven cita líneas de su libro sobre el demonio:

“En ese libro escribí lo que sé, no aquello en lo que creo”.
“El exorcismo es peligroso, depende del estímulo”.

Y luego, Tugrul decide visitar a la niña “como persona humana” (pregunta sería: ¿alguien entiende qué significa eso?).

EL EXORCISTA, SECUENCIA 24
Karras acepta ayudarla. Al entrar a la habitación, encuentra a Regan atada, el rostro totalmente desfigurado. Al presentarse, el demonio le exige que la libere de las ataduras, y ante su negativa responde que sería “una muestra muy vulgar de mi poder”. Lo confunde mencionando a su madre. Karras exige una prueba: le pide que diga su nombre de soltera. En respuesta, Regan le vomita verde en la cara.

SEYTAN, PLAGIO 24
El rostro de Gul está lleno de cicatrices; Tugrul se presenta diciendo que va a ayudarla y que es amigo de su madre. La respuesta de la niña: voz gutural, increpando que nuestro valiente turco no cree ni en un ser superior ni en él, o sea, directamente al demonio. La niña le escupe un vómito verde, homenaje literal a la icónica escena de Regan vomitando sobre el rostro del Padre Karras.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 25
Karras lleva una grabadora. Un cajón se abre solo; le pregunta si fue ella, responde que sí, y cuando le pide repetirlo dice: “todo a su debido tiempo”. Karras muestra un frasco de agua bendita; ella dice que le quema cuando se la arroja. Se escuchan quejidos múltiples, como varias voces. Al reproducir la cinta al revés, aparece repetido el nombre Merrin.

SEYTAN, PLAGIO 25
Finalmente, en otra repetición, el único cambio notable es que se elimina la secuencia donde Karras arroja el agua bendita y escucha el nombre de Merrin en la grabación. En su lugar, el guion turco se inventa frases sueltas:

“Se han visto señales en el cielo”.
“Se han abierto las puertas del infierno”.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 26
La niñera llama urgente a Karras. Al llegar, le muestra algo alarmante: en el abdomen de la niña, marcado en la piel, aparece escrito “Ayúdenme”, prueba que lo convence de solicitar un exorcismo.

SEYTAN, PLAGIO 26
En Seytan, la escena se repite, solo que esta vez podemos maravillarnos con las letras autoadhesivas gigantes sobre la pancita de la niñata turca, porque la sutileza claramente quedó en el vuelo de un alfiler. La niña no solo está poseída, ahora además tiene el poder de crear carteles y pegatinas, un don que ninguna película de terror occidental se había atrevido a explorar.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 27
Karras informa el caso al arzobispo. Se determina que debe actuar un sacerdote con experiencia. Surge el nombre de Lankaster Merrin, quien años atrás realizó un exorcismo en África que duró mucho tiempo.

SEYTAN, PLAGIO 27
También repite secuencias, con la diferencia de que Tugrul pide consejo a un Imán anciano, que se parece sospechosamente al abuelo de Heidi. La línea es digna de recordarse en los hitos del plagio turco:

“Tengo un amigo que conoce eso que se llama exorcismo”.

Nada mejor como delegar tu confrontación demoníaca a un conocido lejano.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 28
Merrin aparece caminando por un sendero entre árboles sin hojas. Un joven seminarista lo llama y le entrega una nota. Llega entonces la escena icónica: el rostro en primer plano de Regan, Merrin desciende del taxi y su figura se recorta en la luz tenue de la farola, envuelta en neblina. Con paso firme se dirige hacia su destino.

SEYTAN, PLAGIO 28
Con el uso intensivo de zoom para contemplar al Imán sobre una colina, pensando en la factura del gas del mes pasado, mientras contempla la nada. Luego sube la escalera hacia la casa envuelto en mucho vapor, como si estuviera a punto de entrar a una lavandería haciendo horas extras. Primer plano de preocupación incluido, porque según Seytan, nada dice “terror” como subir escalones preocupado mientras la cámara te mira fijo.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 29
Dentro de la casa, cuando Merrin se encuentra con Karras, un grito gutural irrumpe desde la habitación. Karras trae los ornamentos religiosos y el ritual romano. Mientras se visten, Merrin le da instrucciones claras sobre lo que ocurrirá.

SEYTAN, PLAGIO 29
En esta secuencia no hay cambio de vestuario ni asoma ningún tipo de ornamento religioso.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 30
Merrin entra y queda frente a Pazuzu en el cuerpo de Regan. Comienza el exorcismo: agua bendita, letanías, oraciones. Regan lo escupe en la cara. La cama levita, la niña vomita verde sobre la estola, que Merrin entrega a Karras para limpiarla. El sacerdote empieza a mostrar signos de agotamiento. El demonio provoca reacciones físicas: el techo se quiebra, objetos vuelan, la niña gira la cabeza 180 grados.

Las ligaduras se cortan, la niña levita, y ambos sacerdotes repiten la frase: “El poder de Cristo te obliga”.

En un descuido, Regan golpea a Karras y lo arroja al suelo. Luego se produce un violento movimiento sísmico que interrumpe el ritual.

SEYTAN, PLAGIO 30
El enfrentamiento con la niña tiene un único momento “religioso”: el Imán rocía a Gul con agua de Zamzam, pozo sagrado en La Meca, bendito, milagroso, hidratante, purificador… y probablemente más efectivo en ceremonias tradicionales que en un filme de terror de bajo presupuesto. Ese es todo el sacramental que veremos.


Mientras tanto, Gul escupe vómito gris en la cara del Imán, en pantalla completa, como si fuera el clímax gastronómico del horror, acompañado de 25 segundos de gritos y aullidos. La cama comienza a sacudirse como montaña rusa barata, con la niña atada riéndose como si todo esto fuera un parque de diversiones de segunda categoría.

Por supuesto, llega la escena clonada de la original: la cama se eleva por los aires. Tugrul pone cara de espanto, de lo más convincente que veremos en toda la película, la cama baja y Gul comienza a drenar más vómito gris en cantidades industrialmente poco saludables.

El Imán, muy profesional, lo recoge con su bufanda, igualito al momento en que Regan vomita sobre la estola de Merrin. Para completar el cosplay litúrgico, le pasa la bufanda a Tugrul, como diciendo: “Lavá esto, campeón”.

Gracias a las increpaciones del Imán, la niña se suelta de las ligaduras, la sábana sale volando y los gestos del anciano y Tugrul ante cada situación son un espectáculo aparte: catálogo de “¿y ahora qué?” que vale oro. Ahora Gul se eleva sobre la cama con más decisión que la cama misma.

El Imán la increpa nuevamente y lanza una frase digna de bordarse en un almohadón:

“¡Demonio sin huevos!”

Finura teológica en su máxima expresión.

En primerísimo plano, vemos al Imán orando, suplicando y gesticulando con las manos. La cámara baja hacia las piernas de Gul, donde aparecen tajos sangrantes, otro préstamo directo de El Exorcista, donde Merrin lanzaba agua bendita y brotaban las heridas.

Mientras Gul levita como si la gravedad hubiera tomado vacaciones, ambos recitan:

“La gracia de Dios esté contigo”

Versión turca—y bastante deshidratada—del clásico “El poder de Cristo te obliga”. Más que un enfrentamiento con el mal, parece un trámite administrativo celestial.

La escena se estira hasta volverse tediosa, como si quisieran asegurarse de que el público sufra cada segundo del plagio. Gul desciende lentamente sobre la cama y, sin aviso, corte brusco: la niña aparece acostada mientras el Imán ordena atarla nuevamente, no a la cama, sino pies y manos, improvisando sobre la marcha.

En un descuido de Tugrul, Gul se reincorpora y lo golpea con tal fuerza que lo hace girar como trompo. El Imán, más preocupado por el tropiezo del compañero que por la niña poseída, recibe él también un golpe brutal. Y sí, nuevamente Gul gira la cabeza, bajo la mirada de horror de los hombres: otra escena plagiada cuadro por cuadro, porque inventar algo ya sería demasiado.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 31
Regan, de rodillas, hace gestos de veneración en penumbras, donde se insinúa la figura de Pazuzu. Merrin intenta continuar el ritual, exhausto, hasta que hace una pausa que presagia el desenlace.

SEYTAN, PLAGIO 31
Y entonces llega el momento más gloriosamente ridículo de toda la película: la aparición del Pazuzu versión feria escolar. Una estatuita hecha con papel, engrudo y la convicción artística de un niño de primer grado. Pintada con témpera brillante, como si el demonio hubiese pasado por una clase de plástica. Gul lo “venera” a los pies de la cama, intentando replicar aquella pose retorcida y perturbadora… pero acá la niña solo grita, gesticula hacia el vacío y la cámara insiste tanto que uno siente que la escena dura tres vidas. Hasta que ella, aparentemente agotada de sí misma, decide acostarse.

El Imán la tapa con una mantita, copiando plano por plano el gesto original. Porque si van a plagiar, que no se les escape el detalle de abrigar a la criatura poseída, no vaya a ser que el demonio agarre frío.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 32
En el baño, Merrin tiembla y toma una pastilla de su pastillero. Karras vuelve a la habitación y ve a su madre, o su imagen, hablándole desde Regan, acusándolo de haberla dejado morir sola. Merrin entra y, ante la confusión, ordena a Karras salir. Él continúa solo el exorcismo.

SEYTAN, PLAGIO 32
La copia continúa, milimétrica. Tal como en la versión que todos conocemos, el exorcista aparta a su compañero de la habitación. Aquí, el Imán hace exactamente lo mismo con Tugrul, como si expulsar al asistente fuera parte del manual no escrito del plagio perfecto.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 33
Fuera de la habitación, Karras yace sentado, devastado. La madre de Regan le pregunta si el ritual terminó y si su hija morirá. Karras la tranquiliza y regresa decidido.

SEYTAN, PLAGIO 33
Y sí: otra réplica calcada. Cada movimiento, cada pausa, cada intento de tensión. Todo idéntico. Una fotocopia ya gastada que sigue alimentando la secuencia.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 34
Encuentra a Merrin muerto. Lo baja al suelo, intenta reanimarlo, y Regan lo observa. Al ver que no hay esperanza, la niña ríe. Fuera de sí, Karras la toma y la golpea, gritando:

“¡Tómame! ¡Entra en mí! ¡Maldito seas! ¡Tómame a mí! ¡Tómame!”

El demonio lo posee. Karras, en un instante de lucidez, mira la ventana y se arroja. El demonio lo abandona en el aire. Karras cae por las escaleras y muere.

SEYTAN, PLAGIO 34
Tugrul vuelve a entrar y se encuentra al Imán tirado en el suelo, acomodado con tanta prolijidad que más que cadáver parece un señor tomando una siesta incómoda. La niña, de pie, lo mira con cara de “yo no fui, el viejo se tropezó y se cayó solito”. Ni susto, ni emoción: las expresiones son tan inexpresivas que parece que todos ensayaron frente a un espejo… apagado.

Empieza entonces la pelea. Tugrul se abalanza con una torpeza épica, es arrojado como si pesara medio kilo, y en el combate termina atacando más al camarógrafo que a la niña. Después de una serie de golpes —veinte exactamente, contados— decide que la mejor estrategia es estrangularla.

Ella grita “¡No!”, mientras Tugrul empieza a ponerse verde, una tonalidad tan intensa que por un segundo parece que va a transformarse, romper la camisa y exigir spin-off propio. Pero no: en lugar de liberar su furia, elige la salida más anticlimática del cine turco. Le da un salto dramático a la ventana, cae por las escaleras y muere. Un final tan abrupto que ni el demonio se toma el trabajo de reaccionar.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 35
La madre y el policía entran: Merrin muerto, Regan llorando en un rincón, la ventana rota. Afuera, el cuerpo del padre Karras yace en la acera.

El padre Dyer llega, toma su mano, y le pregunta si quiere confesarse. Abre sus dedos suavemente, repite la pregunta: “¿Te arrepientes de todos los pecados de tu vida pasada?”. Le da la absolución, en un cierre religioso, íntimo, coherente con el eje espiritual del relato.

SEYTAN, PLAGIO 35
La escena final abre replicando otra entrada idéntica. El déjà vu es tan exacto que uno siente la tentación de revisar si hasta copiaron la inclinación de las medias.

Aquí Seytan intenta un cierre “propio”: el policía toma la mano de Tugrul y, como si estuviera consultando una versión humana de la Ouija, le pide que responda apretándole la mano. Le pregunta si se suicidó o si alguien lo empujó. Un interrogatorio paranormal improvisado que intenta darle un giro policíaco a algo que claramente no pedía uno.

EL EXORCISTA, SECUENCIA 36
Al despedirse del padre Dyer, Regan lo observa unos segundos, lo abraza y le da un beso en la mejilla, un gesto de humanidad y cierre emocional.

SEYTAN, PLAGIO 36
Última escena: Gul camina con su madre. De pronto cree reconocer a alguien, se le activa un déjà vu convenientemente dramático y sale corriendo hacia el anciano Imán —el consejero espiritual de Tugrul— (abuelo de Heidi), que está ahí parado, como esperando su plano final. Se miran largo rato, él le acaricia la cabeza como si supiera algo que nadie más comprendió, y ella vuelve con su madre.

La película intenta cerrar con un eco visual lleno de intención espiritual… pero en Seytan el eco suena más a respuesta automática que a cierre emocional.

EPILOGO
Debo decir que después de diseccionar con lupa este plagio turco de El Exorcista, fotograma por fotograma, y compararlo obsesivamente con el original, el cansancio mental es real. Tuve la suerte de conseguir la película en un portal ruso, descargarla remasterizada en HD, con color mejorado y, milagrosamente, subtítulos en español incluidos. Esto me permitió seguir cada gesto, cada grito, y entender con claridad cómo se armó esta premisa otomana “inspirada” en el clásico de Friedkin.

Mi calificación para Seytan es un rotundo 10 PELADO Investiga.

Antes de que alguien se alarme, esta calificación, no es porque la película sea buena, ni mucho menos. Es un reconocimiento a la precisión con la que copiaron un clásico de culto, creyendo que, con trasladar cada salto, cada vómito gris y cada giro de cabeza podrían replicar la magia sociocultural de la original. La intención está ahí, casi admirable, aunque el resultado es, con perdón, una catástrofe cinematográfica.

El elenco y la historia —plagiada al 99,9%— apenas se salvan por el esfuerzo de transmitir la narrativa, pero el ritual del exorcismo, eje de El Exorcista, en Seytan es solo un guiño: el Imán intenta, balbucea un poco, y su liturgia deja más dudas que terror. No hay solemnidad, no hay miedo, solo una intención que se queda en el intento, y un montón de vómito gris y verde que no emociona a nadie.

No soy de regalar calificaciones, pero seamos honestos: Seytan no se salva. Es, literalmente, una copia con ambición desmedida y ejecución deficiente.

Pero no, no se verá exenta de que Seytan es una… BASURA CINEMATOGRÁFICA.

Una basura cinematográfica que, sin embargo, merece ser vista… si es que disfrutan del placer oscuro de ver cómo se puede robar un clásico y, al mismo tiempo, destruirlo con estilo y actitud turca propia.

El PELADO Investiga

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